Seguimos mirando desde nuestras ventanas. Esta semana miramos hasta Santa Cruz de la Serós. Y es que a tan sólo unos 15Km de Jaca nos encontramos con este municipio perteneciente a la comarca de la Jacetania y al partido judicial de Jaca, frente a los Pirineos, al pie de la sierra de San Juan de la Peña. y que tiene parte de su término municipal ocupado por el Paisaje protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel.

Es una pequeña y pintoresca población cercana a la margen izquierda del río Aragón, en el camino de subida al Monasterio de san Juan de la Peña (germen del primitivo Reino de Aragón).

Santa Cruz de la Serós cuenta con la espectacular iglesia de Santa María, toda una joya del románico.

Se trata de un edificio que debió ser comenzado en el último tercio del siglo XI. Desaparecieron hace siglos, el claustro que estaría anexo a la iglesia, probablemente en el lateral sur de la iglesia y estancias como la sala capitular, el refectorio y el dormitorio de las monjas, el archivo monástico, quizás una sala dedicada a escritorio, que siempre se distribuían en su entorno…
Todo ello se completaría con almacenes y depósitos para el cereal y el vino, caballerizas, pajar, etc. etc
Ramiro I concedió bienes al monasterio femenino de Santa María, para mantener una hospedería y les confíó como religiosa a su hija menor Urraca.
Pero el mayor esplendor se alcanzó cuando otra hija de Ramiro I, Doña Sancha, viuda del Conde Ermengol III de Urgel, ingresa en él como Abadesa y le presta su protección más decidida (1070). En 1095 hizo testamento a favor de esta Iglesia, falleciendo algo después y siendo enterrada en el maravilloso sarcófago que hoy se guarda en el Real Monasterio de Benedictinas de Jaca.

Desde el punto de vista del arte, Santa María no es una más de las iglesias románicas altoaragonesas. Su tamaño es considerable en relación a la población para la que fue edificada. Sólo se explica por las circunstancias específicas que se reunieron en torno a este edificio: casi seguro contó con mecenazgo regio, albergue de infantas reales y de mujeres de la nobleza. Presenta además una torre de gran altura y rotundos volúmenes, tratándose sin duda del más destacado campanario dentro del románico aragonés.

Lo primero que llama la atención al encuentro con la iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós es, pese a ser un templo de un tamaño medio, la tendencia a la verticalidad que le confiere al conjunto su soberbia torre campanario y la misteriosa estancia levantada sobre el falso crucero, en la cual, nos detendremos más adelante.

La iglesia presenta una planta de cruz latina engendrada a partir de una sola nave rectangular de dos tramos desiguales, un falso crucero propiciado por dos capillas laterales abiertas a cada uno de los dos costados de la nave, y un ábside cabecero semicircular precedido por un breve tramo recto presbiterial.
A lo largo de toda la nave, justo a la altura del arranque de las bóvedas, discurre una imposta horizontal ajedrezada que se prolonga incluso por las capillas laterales y la cabecera.

Pese a que la planta del edificio presenta la típica morfología de cruz latina y que al exterior llama poderosamente la atención tanto el juego de volúmenes como su verticalidad, una vez rebasado el umbral de la puerta, el visitante queda con la sensación de encontrarse ante un modesto edificio de una sola nave rematada en un único ábside semicircular, como tantos templos rurales existen en el románico español.
Este singular efecto viene motivado por el hecho de que el transepto, lejos de quedar resaltado, bien en alzado o bien mediante la erección de un cimborrio o de una cúpula, apenas se manifiesta al interior; no siendo apreciable desde dentro, en ningún caso, el potente volumen que, al exterior, corona el tramo crucero adosado a la torre. Este elemento en concreto hace de Santa María de Santa Cruz de la Serós un edificio prácticamente único y de primer orden dentro del románico español.

 

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